Un hombre de cabello canoso, lentes y camisa clara de lino arremangada escribe con una pluma sobre unas hojas, sentado a una mesa larga de madera junto a un ventanal; a su lado hay una computadora portátil abierta y una taza, y al fondo un librero contra una pared de ladrillo.

octubre 19, 2026

¿La IA nos está volviendo menos capaces de pensar? Depende de cómo le pedimos, cómo revisamos lo que nos entrega y, sobre todo, cómo lo aplicamos.

En septiembre, The Clinic publicó un reportaje sobre “la generación del prompt“: estudiantes que copian, pegan y dejan de hacerse preguntas. Pablo Matamoros, investigador de la Universidad Central, lo precisa así: “No es la capacidad, es el ejercicio”.

Coincido, y agrego: no es un asunto de generación, sino de quien sigue aprendiendo a cualquier edad. En agosto de 2025 compartí que la inteligencia artificial y la emocional no compiten: se reconcilian. Y en septiembre, en “Del copiar y pegar… a pensar y aplicar“, propuse dejar de pelear con el copiar y pegar: el problema nunca fue copiar, sino no entender lo copiado ni saber aplicarlo.

Hoy, trabajando con IA todos los días, veo algo más: usarla bien se parece mucho a dirigir. En tres cosas.

Incorporar IA es un cambio, y el manejo del cambio es una competencia que pocos dominan: de los 1,985 evaluados en mis diagnósticos gerenciales desde 2010, solo el 27.4% (543) domina el manejo del cambio. Por eso conviene tratarla como se trata cualquier cambio en un equipo: dirigiéndola.

Primera: orquestar

Un proyecto con IA no se resuelve con una sola herramienta; se dirige. Los agentes son especialistas: uno analiza, otro propone, otro revisa, otro ejecuta, como los puestos de un equipo. Las skills son el método escrito, cómo se hace cada cosa para no reinventarla cada vez, como los procesos de una empresa. Los conectores dan acceso a la información de cada área (correo, archivos, agenda), como la información que debe fluir entre áreas. Y los artefactos son los entregables: el reporte, la presentación, la herramienta terminada.

Y alguien tiene que poner la visión. Ese papel no cambia: es el del director.

Segunda: comunicar

Para que la IA entregue algo útil hay que darle contexto, consideraciones, un objetivo claro y el entregable esperado. Si falta algo, entrega paja muy bien redactada. Con las personas pasa exactamente igual. Quien aprende a pedirle bien a una máquina está practicando lo que más echo de menos en muchas organizaciones: pedir con claridad.

Tercera: verificar

Dar la instrucción no basta. Hay que confirmar que se entendió y revisar que lo entregado es lo que se pidió. Dejar a la IA trabajar sola, sin que nadie valide ni autorice, produce lo mismo que en una empresa: mucho movimiento y resultados que nadie pidió. Antes de autorizar me pregunto qué es dato y qué es supuesto, de dónde sale cada dato y qué parte no podría defender si me la discuten. Ahí se ejercita el pensamiento crítico.

Y ojo: lo humano no se delega. La IA, por mucho que sepa, no ha estado en piso ni sabe cómo va a reaccionar esta persona, con su historia, ante lo que se decide.

La inteligencia la pone la IA. La experiencia en piso y la sensibilidad con las personas las ponemos nosotros.

SEGUNDA MIRADA

¿Cuál de las tres le cuesta más a su organización: orquestar, comunicar o verificar?


Cada semana publico en PUNTO CIEGO lo que voy encontrando en mis diagnósticos gerenciales desde 2010. Se suscribe aquí: https://www.linkedin.com/newsletters/punto-ciego-7495254349972115456

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