Del otro lado de una mesa de madera, una silla vacía cubierta por un abrigo azul marino. Sobre la mesa hay una taza con un resto de café, una cucharita y una libreta cerrada bajo la mano de un hombre de camisa de lino clara, que sostiene un bolígrafo con la otra mano; de él se ven el hombro y parte de su perfil.

octubre 15, 2026

A quien acompaña a otros le llega poco de lo que salió mal.

Pienso en psicólogos, coaches y mentores, y también en cualquier jefe al que alguien le pide consejo. Salen de la conversación con la impresión de que ayudaron, porque la otra persona agradeció, se movió, volvió. Lo que pasó semanas después casi nunca les llega.

En mayo de 2025 compartí en el blog un texto sobre el poder de quien guía: lo que dice y lo que calla puede abrir un camino o dejar una herida. No vengo a repetirlo. Vengo a la pregunta que quedó abierta: ¿quién se entera cuando fue lo segundo?

Nadie mide sus propios daños

Quien salió peor de un proceso rara vez regresa a contarlo. Cambia de tema, deja de contestar, busca a otro. Los que vuelven tienden a ser los que agradecen. Así cada guía arma su experiencia con una muestra recortada y concluye «a mí siempre me ha funcionado», que prueba menos de lo que parece.

Desde 2010 he aplicado 1,985 diagnósticos gerenciales. Al 2 de agosto de 2026 acumulo 4,875 horas de coaching. Ninguna de las dos cifras dice si ayudé. Dicen cuánto trabajé.

La línea no está en la técnica

Casi siempre se discute si una técnica es buena o es peligrosa. Creo que la línea pasa por el interés de quien la usa. Una conversación que abre a una persona también puede dejarla más receptiva a lo que venga después, y ahí pesa lo que el guía quiera. Si quiere vender su siguiente programa, o seguir siendo el que sabe, ese interés puede pesar más que el proceso de la otra persona. Suele ocurrir de buena fe, y por eso cuesta verlo.

Elegir qué preguntar ya es influir

Hay una idea muy extendida en el oficio: que el trabajo consiste en no influir. Pero se influye desde que se decide qué preguntar y qué dejar pasar. La pregunta honesta no es si usted influye. Es hacia dónde.

Yo no pretendo no influir. Pongo opciones sobre la mesa, digo lo que veo y lo que pienso, y la conclusión es de la persona. A veces lo que corresponde es callarme. Eso no quita mi influencia; la deja a la vista, y lo que está a la vista se puede descartar.

Si usted guía a alguien

Usted también guía: a su equipo, a un colega, a quien le pide consejo. Antes de recomendar algo, diga qué gana usted si la persona lo hace. Dé dos opciones y su opinión, en lugar de un solo camino. Y dentro de un mes pregunte: «¿qué hice o dije que no le sirvió?». Es el único dato que no le va a llegar solo.


SEGUNDA MIRADA

Piense en la última persona a la que usted aconsejó. ¿Sabe hoy cómo le fue con ese consejo?

Sí. No. Solo lo que quiso contarme.


En PUNTO CIEGO, mi newsletter en LinkedIn, publico lo que voy encontrando en mis diagnósticos gerenciales desde 2010. Puede suscribirse aquí: https://www.linkedin.com/newsletters/punto-ciego-7495254349972115456

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