septiembre 28, 2026
Una directora de Recursos Humanos me enseñó, hace unos meses, el tablero de seguimiento de un cambio de sistema que su empresa había implementado un año antes. En la columna de “adopción” tenía escrito, a mano, un signo de interrogación.
Le pregunté por qué. Me dijo que nadie se lo había preguntado antes: sabían cuántas personas habían tomado la capacitación, pero no sabían cuántas seguían usando el sistema viejo por debajo del agua.
Esto no es un caso raro. Según Gartner, solo el 32% de los líderes dice que su último cambio logró una adopción sana. El otro 68% no logró que ese cambio se adoptara bien, según la misma medición.
Acordar no es decidir
En la junta se decide una cosa: que el cambio existe y que la organización lo respalda. Eso es real, pero es solo la primera mitad.
La segunda mitad la decide cada persona, sola, cuando nadie la está mirando: si de verdad deja de hacer lo de antes, o si lo sigue haciendo “por si acaso”, mientras aprende lo nuevo a su propio ritmo. Esa decisión no se acuerda en junta. Se toma cientos de veces, en privado, y casi nunca coincide con la fecha del acuerdo.
Una encuesta distinta de Gartner, hecha en abril de 2025 a más de 2,850 empleados, encontró que el 79% tiene baja confianza en el cambio. Mi lectura: no es que estén en contra del cambio en sí, es que ya vieron, más de una vez, que lo que se acuerda en la junta y lo que pasa después en la operación no son la misma cosa.
Lo que sí distingue a las que lo logran
Lo que he visto en las organizaciones que sí lo logran no es un mejor plan. Es que tratan el acuerdo y la adopción como dos trabajos distintos, con dueños distintos.
El acuerdo lo hace la dirección, en una junta, una sola vez. La adopción la sostiene alguien —un jefe directo, un equipo, un proceso de seguimiento— durante semanas, viendo quién ya cambió de verdad y quién sigue en las dos vías al mismo tiempo. Sin ese segundo trabajo, la junta produjo una decisión, no un cambio.
El dato que más me hizo pensar es este: las empresas con adopción sana por encima del promedio reportan el doble de crecimiento en ingresos, año contra año. Es una asociación, no una prueba de causa, pero es difícil de ignorar: sugiere que la brecha entre acordar y adoptar no es solo un problema de comunicación interna, sino probablemente un costo de negocio que casi ninguno de nosotros está midiendo.
Fuentes: Gartner, julio de 2025 (el 32% y el doble de crecimiento en ingresos); Gartner, abril de 2025 (el 79%).
SEGUNDA MIRADA
¿El último cambio que acordó su organización ya se acordó, o ya se adoptó?
¿Y quién, en concreto, es el responsable de saber la diferencia?