septiembre 10, 2026
En agosto compartí algo que me tenía inquieto. Busqué a una sola persona que reuniera al mismo tiempo los cuatro estilos de alta efectividad. De los 1,985 diagnósticos gerenciales que he aplicado desde 2010, ninguno reunió los cuatro.
Esa publicación dejó una pregunta abierta, y es la correcta: si ese perfil no existe, entonces qué sí se puede pedir.
Eso es lo que quiero contestar hoy.
Primero, el tamaño de lo que estamos pidiendo
Cuando describimos al director que buscamos, casi siempre pedimos cuatro cosas a la vez. Que sea firme y que sea cercano. Que ponga orden y que empuje. Que sostenga la estructura y que no se le atore nada.
Cada una de esas cualidades corresponde a un estilo distinto de dirigir. En los 1,985 diagnósticos, tenerlas las cuatro al mismo tiempo y en nivel alto no le ocurre a nadie. Ni una vez. Tres a la vez, y en nivel alto, aparecen en 28 de los 1,985: el 1.41%.
No es que la gente sea insuficiente. Es que estamos describiendo a alguien que no camina por ninguna oficina.
Y conviene decirlo con cuidado, porque la tentación es buscar a quién culpar. No es el consejo, ni la dirección general, ni el área que redactó el perfil. Esto lo hacemos todos, yo incluido, y lo venimos haciendo desde mucho antes de que cualquiera de nosotros llegara al puesto. Es una idea heredada sobre cómo se ve un buen director.
Lo que sí se puede pedir
Aquí está el giro, y es más simple de lo que parece.
Lo que distingue a quien dirige bien no es tener los cuatro estilos encendidos. Es usar el que la situación necesita.
Dirigir una junta con un equipo nuevo pide una cosa. Sostener una conversación con alguien que lleva doce años haciendo lo mismo pide otra distinta. Cerrar un cierre de mes pide una tercera. La misma persona, tres modos.
El directivo que funciona no es el que tiene más recursos. Es el que cambia de recurso cuando cambia la situación.
Y ese sí existe. De hecho está mucho más cerca de lo que parece: casi siempre es alguien que ya sabe hacer más de lo que su puesto le está pidiendo, y no lo sabe.
Por qué esto importa más de lo que suena
Si lo que buscamos es a alguien que lo tenga todo, la conclusión es siempre la misma: aquí adentro no hay nadie, hay que buscar afuera. Y a los dos años el de afuera tampoco funcionó, porque tampoco tenía los cuatro.
Si lo que buscamos es a alguien capaz de cambiar de registro, la conclusión cambia por completo. Deja de ser una búsqueda y pasa a ser una pregunta sobre lo que ya está adentro.
En agosto también compartí que, en los diagnósticos que he aplicado, seis de cada diez personas están operando en estilos de baja efectividad. Eso suena a mala noticia y no lo es del todo: casi ninguna de ellas está ahí por incapacidad. Está ahí porque el modo que aprendió a usar le funcionó durante años y nadie le dijo que la situación ya cambió.
Lo que viene
En la entrega de la próxima semana vuelvo sobre un dato que ya publiqué en agosto y que sigue siendo el que más me cuesta explicar: que subir de nivel no hace mejor a un directivo. Los números de dirección y los de coordinación son prácticamente los mismos, y lo han sido cada año desde 2010.
SEGUNDA MIRADA
Piense en la última decisión difícil que tomó con alguien de su equipo. ¿Usó el modo que la situación pedía, o el que usa siempre?